Por: Daniel Cousiño
El fútbol europeo está en un momento de reflexión urgente. Con cada temporada, los
calendarios más saturados han desatado una ola de críticas de entrenadores,
jugadores y sindicatos, hartos de ver cómo el desgaste físico y mental golpea cada vez
más a los protagonistas del juego. La conclusión de muchos en la industria es clara:
los jugadores están siendo empujados al límite en un sistema que parece diseñado
para generar ingresos en lugar de pensar en la salud y el bienestar de quienes
sostienen el espectáculo.
El cambio de formato en competiciones icónicas como la Champions League y la
expansión de la Europa League y las nuevas competiciones como la Nations League y
Conference League indican a que el interés de la FIFA y la UEFA es uno solo: hacer caja
a través de temporadas cada vez más largas y extenuantes. Esto sin contar las
recientes ampliaciones de torneos como el Mundial de Clubes y el propio Mundial de
selecciones, que ahora involucrarán a más equipos y fases, aumentando la cantidad
de partidos en una temporada que de por sí ya era exigente para los jugadores.
La reacción ha sido rotunda, y voces de peso como las de Toni Kroos, Kevin De Bruyne,
Rodri, Jürgen Klopp y Pep Guardiola han alzado la voz en contra de esta situación.
Kroos fue especialmente crítico cuando declaró que los futbolistas están siendo
tratados como “muñecos” por las organizaciones que gestionan el fútbol. Klopp
también ha sido tajante: “Esto es inhumano”, dijo en una de sus conferencias de
prensa, visiblemente cansado de ver cómo sus jugadores apenas tienen tiempo para
recuperarse antes del siguiente partido. Guardiola, por su parte, ha sido igual de
contundente al afirmar que el calendario está diseñado para maximizar ingresos, no
para cuidar a los futbolistas.
En septiembre de 2024, la situación alcanzó un punto crítico cuando LaLiga y FIFPro
Europa presentaron una denuncia formal ante la Comisión Europea, acusando a las
federaciones de programar competiciones que violan los derechos laborales básicos
de los jugadores. FIFPro destacó que el tiempo de descanso entre partidos y
temporadas es insuficiente, lo que incrementa las lesiones graves y acorta las carreras
de los futbolistas. Con esta denuncia, tanto LaLiga como FIFPro esperan que la
Comisión Europea investigue las prácticas de las federaciones, y que se exploren
cambios significativos que pongan la salud de los jugadores en primer lugar.
El Chelsea fue duramente criticado en las temporadas posteriores a su compra por el
multimillonario estadounidense Todd Boehly debido a la compra masiva de futbolistas
jóvenes, lo que incrementó considerablemente el tamaño de su plantilla. Otras
potencias europeas, como el Inter de Milán, Manchester United y Borussia Dortmund,
también han adoptado esta tendencia, con plantillas que bordean o incluso superan
los 30 jugadores a disposición del entrenador. Esta apuesta, junto con la ampliación
de 3 a 5 cambios por partido introducida tras la pandemia, busca permitir una mayor
rotación de jugadores. Sin embargo, surge una duda: ¿será esta una estrategia
sostenible a largo plazo?
Contar con una gran cantidad de jugadores puede aliviar a los futbolistas y al cuerpo
técnico, pero también presenta desafíos. En primer lugar, no todos los equipos pueden
permitirse una plantilla tan extensa sin comprometer la calidad de sus jugadores
debido a limitaciones financieras. Este es un lujo reservado, por ahora, para la élite de
Europa. Además, la rotación excesiva puede afectar la calidad del espectáculo, ya que
las grandes estrellas verían reducidos sus minutos de juego, y sería más difícil lograr
un buen entendimiento y cohesión entre los jugadores en el campo.
Además, una plantilla amplia, no garantiza el éxito. Chelsea y Manchester United, por
ejemplo, han apostado por aumentar el tamaño de sus plantillas y, aun así, han
enfrentado temporadas de resultados decepcionantes y problemas de regularidad.
Tampoco parecen ser la solución a las lesiones.
La reciente denuncia de LaLiga y FIFPro es un claro recordatorio de que esta crisis ya
no puede ser ignorada, presionando a los entes rectores del fútbol para que se tomen
en serio la responsabilidad de hacer del fútbol, un deporte sostenible a largo plazo con
espectáculos de calidad.
Como hinchas, tenemos un apetito insaciable por el fútbol, y mientras más partidos
podamos ver, mejor. Pero no si esto va en desmedro de la calidad del espectáculo, la
competencia y la salud de nuestro ídolos. Lo que nos enamora del fútbol es
precisamente poder ver jugar a nuestros jugadores favoritos y que estos sean capaces
de brindar espectáculos apasionantes.
Si bien FIFA y UEFA hasta ahora no parecen estar interesados en acoger las demandas
de los protagonistas, eventualmente no les quedará otra opción que entrar al debate y
tomar cartas en el asunto, principalmente pensando en que los jugadores ya han
amenazado con paros si la situación no cambia. Si no hay jugadores, no hay fútbol. Y
si no hay fútbol, ¿para qué están ellas?








