En mi caso, fue en 2016, en Barcelona. O más bien Catalunya me daría cuenta después, por el clamor independentista de la ciudad. En mi pega que tenía a medio tiempo, me llegaban los mails en catalán. Siempre. Yo algo entendía, pero hablaba y escribía prácticamente nada. Y no lo quise aprender, no lo sentí útil.
¿Cosas que destaco de la experiencia? Vamos con 3…
1. Los compañeros de curso. Españoles de diferentes regiones, varios catalanes, peruanos, uruguayos, brasileros, portugueses, rusos, etc. El networking es atómico, y sigue siendo útil hasta el día de hoy.
2. La posibilidad de trabajar en la industria. Gracias a las redes de mi U, entré a una pega en una agencia de turismo deportivo (concepto aún en pañales 10 años después en Chile). Ahorré plata, aprendí caleta y organicé un torneo de futbolito con niños de toda Europa en el Camp Nou. Experiencia excelente en todo sentido.
3. La ciudad que elegí. Barcelona respira deporte por todos lados. Eso hacía que los profesores de la U fueran puros cracks, los paseos de la U fueran a lugares increíbles y el panorama del finde fuera ir a ver la MSN en el Camp Nou con Bravo al arco. Un lujo. Aunque yo me hice hincha del Espanyol e iba a Cornellá al Power8 Stadium con un pana catalán que era socio.
¿Qué no hay que hacer?
Pensar que a tu vuelta a Chile vas a ser un profesional destacado y solicitado en todos lados. A mi me costó harto encontrar pega, no fue precisamente en lo que quería y me pagaban mal. Pero después, por suerte, las cosas se fueron encaminando solitas.

