Ya no hay depredadores del área chica, animales que viven de cazar y aniquilar con lo más importante que tiene este deporte: el gol.
Así como el tigre dientes de sable dejó de recorrer las grandes sabanas o el megalodón desapareció de los mares, ya no hay delanteros a unos metros del arquero para sentenciar con su instinto goleador al rival de turno.
Esto no es algo nuevo; las dinámicas del fútbol, hoy esclavas de las métricas, el fuera de juego milimétrico, los kilómetros recorridos y los mapas de calor, cambiaron hace tiempo y no están hechas para un killer, sino para quienes desde el regate, la velocidad, el disparo colocado o el pase preciso puedan poner la pelota dentro del arco sin dejar de correr durante los 90 minutos (si es que juegan el partido completo).
¿Me molesta? No. Es el fútbol moderno.
Tras 15 años de la rivalidad Cristiano-Messi, leyendas que viven del gol sin ser amos del área chica, la tendencia es que los cracks que dominen el juego sean gacelas desbordantes que, además de un ritmo frenético, marcan la diferencia anotando y generándose ellos mismos las condiciones para el grito sagrado.
Vinicius, Lamine, Mbappé, Doué, Musiala, Raphinha, Foden, Dembelé, Salah… todos con números impresionantes en las últimas temporadas, pero ninguno es un “9” nato.
“La tendencia es que los cracks que dominen el juego sean gacelas desbordantes.”
Como alguien que creció admirando a Ronaldo Nazario, quizás el último gran “9” del fútbol mundial, extraño ese perfil de jugador y veo que el fútbol se queda sin un espécimen de ese estilo. Atrás quedan las épocas de Van Nistelrooy, Raúl, Batistuta, Klose, Drogba, Forlán, Fernando Torres, Inzaghi o Shearer; desaparecen los cazadores de rebotes, los cabeceadores excelsos y maestros del mano a mano.
Hoy el fútbol es menos de roles y más de dinámicas colectivas, prevalece el rendimiento del bloque como un todo y no el individualismo que, desde el talento, marca la diferencia. Los pocos delanteros natos que quedan están condicionados por el planteamiento táctico y los resolutivos de ritmo endemoniado se adueñan de la posición haciéndose llamar “falso 9”.
Es cuestión de tiempo, pero creo que el “9” de origen, como lo conocimos, está encaminado a la extinción.








